miércoles, 13 de mayo de 2015

Un Carnaval con Poco Desfile.

Un carnaval con poco desfile.
Fernanda González
¡Vamos!, ¡vamos! – seguramente dijo alguien, cuando durante una conversación  le invitaron al Carnaval Internacional de Mazatlán 2015,  nombrado Los sueños de Momo. Nombre que  llevó a más de uno a preguntarse: ¿quién es ese tal Momo?
Pues al indagar profundamente en la web (Wikipedia), resulta que El rey Momo es la personificación del sarcasmo y la ironía, un Dios griego muy importante en  los carnavales de América Latina, especialmente en Brasil y Colombia y que para los mazatlecos está más bien representado por ‘El Rey Feo’.

La odisea de encontrar un buen lugar: dos horas antes.

Nadar en la misma dirección de toda aquella gente que se bajaba presurosa de los camiones  o estacionaba su auto a más de un par de calles del núcleo carnavalesco para a la hora de la hora, salir sin ‘tanta’ dificultad y evitar la inevitable congestión vial. Subir con el viento a favor por la Rio Piaxtla y encontrarme con la atiborrada de cuerpos pero no imposible de traspasar, Avenida del Mar. 
Con la disyuntiva y la aparente  desorientación que nos obligó a  más de uno a  detenernos y elegir entre ir hacía el Monumento al Pescador o hacia Valentino’s en la zona dorada,  teniendo en cuenta que el desfile llegaría más pronto y más tarde  al lugar que termináramos de escoger. Nos abrimos paso por la muchedumbre  que iba en todas direcciones. Una mezcla de olores  proveniente de los puestos gastronómicos clásico-carnavalescos de Mazatlán nos invitaban a despilfarrar dinero y más de uno caía y era llevado flotando por aquel humillo que se metía en las narices de las caricaturas clásicas que todos veíamos; Tostilocos, Salchitacos, Hotdogs, Tacos de carne asada… encabezaban el menú principal de aquella comida-cena del mazatleco promedio.
Eran apenas las 17:50 horas, la gente ya estaba más puesta que el sol, comiendo y bebiendo. Caminaba hacía el Valentino’s mirando como quien  busca algo, en este caso una abertura que permitiera cruzar hacia el malecón sin sufrir lesiones físicas o verbales de la gente que se encontraba sentada  con mesas y casas para acampar, desde quien sabe qué horas.
-¿Nos quedamos aquí, o no? – dijo una voz, mientras que un desfile de carros con edecanes encima; moviendo banderillas de un lado a otro y dejando tras de sí un camino de serpentinas; Noroeste, Tec Milenio, Telcel, 107.5 y la Cervecería Pacifico,  una lluvia de marcas patrocinadoras que ‘abren’ el desfile y se acercan hacia las voces provocando un efecto doppler que interrumpe la pregunta.
-¿Qué?- dice la otra voz que no alcanzó a escuchar-
-¿Que si nos quedamos aquí o seguimos avanzando? – repitió con su mano en la boca como si la intensidad del sonido fuera a variar-
-No, no se alcanza a ver, hay que seguir buscando por dónde meternos- terminó de responder.
Ya daban las 18:20, el sol ya se había metido y la iluminación de las palmeras colocadas a finales del 2014  y principios del 2015 por toda la orilla del malecón, hizo visible  la noche.
Los centros de rehidratación Pacífico, la cerveza oficial del Carnaval Mazatlán 2015 eran frecuentados, cada segundo, por los esposos, los amigos, los primos y también por las primas, en busca de un poco de ambiente y diversión al tener en su sangre un porcentaje desconocido de la formula etílica. Hubo quienes, por la tardanza del desfile de carros alegóricos, se encontraban ya muy puestos y tropezaban y pisaban los pies de quien aún seguía buscando un lugar para estar.
De vez en vez, un puño desparramado de fauna mazatleca se asomaba disfrazada, desfilando y haciendo de su cuerpo un carnaval propio con máscaras, y antifaces, sombreros y pelucas, bigotes, barbas y pestañas postizas… y un sinfín de objetos en los cuales invertir. Ya de plano el que no vendía, tenía ‘mala suerte’…
-Hay que meternos por ahí- dijo alguien, señalando con el dedo índice una apertura cerca de las (una de las) gradas que el gobierno de Mazatlán colocó a la altura de uno de los abarrotados hoteles que los mazatlecos y otros turistas rentan para ver el desfile desde las alturas.
-No pueden pasar por aquí- decían y repetían un gremio de señoras estirando las manos cual fortaleza, para no dejar pasar a nadie.
-Ándele, ocupamos pasar, por favor, ya nos están dejando atrás- decían unas personas que venían acompañadas y que uno de sus amigos ya había logrado colarse a diestra y siniestra. Después de que lograron pasar
-Usted también, para qué los deja pasar- se decían entre sí (las señoras), como si aquello estuviera restringido.
Un desfile de gente anduvo de aquí y allá por la calle que esperaban recorrer los carros alegóricos. Ya eran las 18:40, no había señas del tan esperado desfile, la gente seguía consumiendo churritos con salsa, manzanas acarameladas. Los niños jugaban en el malecón y juntaban del piso el confeti que habían lanzado al aire una hora antes. Los hombres que consumían líquidos sin moderación, visitaban con frecuencia las orillas del mar simulando buscar el horizonte detrás de la espesa cortina de niebla y obscuridad.
Eran ya las 19:15 horas, las amplias columnas de gente estiraban el cuello y se paraban de ‘puntitas’ para ver por dónde venían los carros. Los vendedores y  el  puñado de gente seguían caminando por ‘en medio’  como si nada más fuera a ocurrir.
A lo lejos se avistó la bengala o el cuete que indicaba la cercanía del desfile, a la altura de la Domino’s pizza, la gente se detuvo sobre sus dos piernas para ver que ocurría. No ocurría nada. Una hora más llegue y el resto es historia… El desfile llegó a las 20:20 horas.

Carrera alegórica.

Con las se acercaba y a la cabeza  se dejaban ver las tradicionales porristas y la banda de la Escuela Secundaria Técnica 5, seguido por el carro de la cervecería Pacifico liderado por la animadora Vanessa Huppenkothen, que seguramente pasó desapercibida por muchos y que no se habrían enterado de que era ella de no ser por la persona que tenían al lado o al leer las noticias locales el día después. El rey Momo, fue el tercero en este kilométrico desfile logrando ser opacado por cualquier otra comparsa o carro alegórico que le sucediera.
21 comparsas  desfilaron por el malecón más largo de Latinoamérica,  después de meses ensayando, a la altura del hotel Miramar, los bailarines iban agotados, los animaba más el público que aplaudía para ver algo emocionante y divertido, que ellos mismos.
Las reinas y princesas, sonreían con esa mueca ya congelada, marcada en el maquillaje, las manos se movían de forma mecánica de un lado a otro.  Se giraban las cabezas de izquierda a derecha, para contemplar a las dos columnas de gentes que esperaban verlas desde hace horas  para ya no saber de ellas hasta el próximo carnaval, entregando el título de reinas y princesas a las nuevas elegidas.
Un carro alegórico con  modelos masculinos semidesnudos pasó moderadamente rápido, provocando la queja de las señoras ahí presentes, quienes expresaban que habían ido a ver cuero, para que al final no las dejaran ver a gusto.

Así se fue desdibujando a lo lejos el desfile, sin ninguna novedad, terminó…con los clásicos y ya tradicionales caballos bailarines… La gente se fue esparciendo y esfumando, dejando tras de sí un desfile de basura.

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