Un carnaval con poco desfile.
Fernanda
González
¡Vamos!,
¡vamos! – seguramente dijo alguien, cuando durante una conversación le invitaron al Carnaval Internacional de
Mazatlán 2015, nombrado Los sueños de
Momo. Nombre que llevó a más de uno a
preguntarse: ¿quién es ese tal Momo?
Pues
al indagar profundamente en la web (Wikipedia), resulta que El rey Momo es la
personificación del sarcasmo y la ironía, un Dios griego muy importante en los carnavales de América Latina,
especialmente en Brasil y Colombia y que para los mazatlecos está más bien
representado por ‘El Rey Feo’.
La odisea de encontrar un buen lugar:
dos horas antes.
Nadar
en la misma dirección de toda aquella gente que se bajaba presurosa de los
camiones o estacionaba su auto a más de
un par de calles del núcleo carnavalesco para a la hora de la hora, salir sin
‘tanta’ dificultad y evitar la inevitable congestión vial. Subir con el viento
a favor por la Rio Piaxtla y encontrarme con la atiborrada de cuerpos pero no
imposible de traspasar, Avenida del Mar.
Con
la disyuntiva y la aparente
desorientación que nos obligó a
más de uno a detenernos y elegir
entre ir hacía el Monumento al Pescador o hacia Valentino’s en la zona
dorada, teniendo en cuenta que el
desfile llegaría más pronto y más tarde
al lugar que termináramos de escoger. Nos abrimos paso por la
muchedumbre que iba en todas
direcciones. Una mezcla de olores proveniente de los puestos gastronómicos clásico-carnavalescos
de Mazatlán nos invitaban a despilfarrar dinero y más de uno caía y era llevado
flotando por aquel humillo que se metía en las narices de las caricaturas
clásicas que todos veíamos; Tostilocos, Salchitacos, Hotdogs, Tacos de carne
asada… encabezaban el menú principal de aquella comida-cena del mazatleco
promedio.
Eran
apenas las 17:50 horas, la gente ya estaba más puesta que el sol, comiendo y
bebiendo. Caminaba hacía el Valentino’s mirando como quien busca algo, en este caso una abertura que permitiera
cruzar hacia el malecón sin sufrir lesiones físicas o verbales de la gente que
se encontraba sentada con mesas y casas
para acampar, desde quien sabe qué horas.
-¿Nos
quedamos aquí, o no? – dijo una voz, mientras que un desfile de carros con
edecanes encima; moviendo banderillas de un lado a otro y dejando tras de sí un
camino de serpentinas; Noroeste, Tec Milenio, Telcel, 107.5 y la Cervecería
Pacifico, una lluvia de marcas patrocinadoras
que ‘abren’ el desfile y se acercan hacia las voces provocando un efecto
doppler que interrumpe la pregunta.
-¿Qué?-
dice la otra voz que no alcanzó a escuchar-
-¿Que
si nos quedamos aquí o seguimos avanzando? – repitió con su mano en la boca
como si la intensidad del sonido fuera a variar-
-No,
no se alcanza a ver, hay que seguir buscando por dónde meternos- terminó de
responder.
Ya
daban las 18:20, el sol ya se había metido y la iluminación de las palmeras
colocadas a finales del 2014 y
principios del 2015 por toda la orilla del malecón, hizo visible la noche.
Los
centros de rehidratación Pacífico, la cerveza oficial del Carnaval Mazatlán
2015 eran frecuentados, cada segundo, por los esposos, los amigos, los primos y
también por las primas, en busca de un poco de ambiente y diversión al tener en
su sangre un porcentaje desconocido de la formula etílica. Hubo quienes, por la
tardanza del desfile de carros alegóricos, se encontraban ya muy puestos y
tropezaban y pisaban los pies de quien aún seguía buscando un lugar para estar.
De
vez en vez, un puño desparramado de fauna mazatleca se asomaba disfrazada,
desfilando y haciendo de su cuerpo un carnaval propio con máscaras, y
antifaces, sombreros y pelucas, bigotes, barbas y pestañas postizas… y un
sinfín de objetos en los cuales invertir. Ya de plano el que no vendía, tenía
‘mala suerte’…
-Hay
que meternos por ahí- dijo alguien, señalando con el dedo índice una apertura
cerca de las (una de las) gradas que el gobierno de Mazatlán colocó a la altura
de uno de los abarrotados hoteles que los mazatlecos y otros turistas rentan
para ver el desfile desde las alturas.
-No
pueden pasar por aquí- decían y repetían un gremio de señoras estirando las
manos cual fortaleza, para no dejar pasar a nadie.
-Ándele,
ocupamos pasar, por favor, ya nos están dejando atrás- decían unas personas que
venían acompañadas y que uno de sus amigos ya había logrado colarse a diestra y
siniestra. Después de que lograron pasar
-Usted
también, para qué los deja pasar- se decían entre sí (las señoras), como si
aquello estuviera restringido.
Un
desfile de gente anduvo de aquí y allá por la calle que esperaban recorrer los
carros alegóricos. Ya eran las 18:40, no había señas del tan esperado desfile,
la gente seguía consumiendo churritos con salsa, manzanas acarameladas. Los
niños jugaban en el malecón y juntaban del piso el confeti que habían lanzado
al aire una hora antes. Los hombres que consumían líquidos sin moderación,
visitaban con frecuencia las orillas del mar simulando buscar el horizonte
detrás de la espesa cortina de niebla y obscuridad.
Eran
ya las 19:15 horas, las amplias
columnas de gente estiraban el cuello y se paraban de ‘puntitas’ para ver por
dónde venían los carros. Los vendedores y
el puñado de gente seguían
caminando por ‘en medio’ como si nada
más fuera a ocurrir.
A lo
lejos se avistó la bengala o el cuete que indicaba la cercanía del desfile, a
la altura de la Domino’s pizza, la gente se detuvo sobre sus dos piernas para
ver que ocurría. No ocurría nada. Una hora más llegue y el resto es historia…
El desfile llegó a las 20:20 horas.
Carrera alegórica.
Con
las se acercaba y a la cabeza se dejaban
ver las tradicionales porristas y la banda de la Escuela Secundaria Técnica 5,
seguido por el carro de la cervecería Pacifico liderado por la animadora Vanessa Huppenkothen, que seguramente pasó
desapercibida por muchos y que no se habrían enterado de que era ella de no ser
por la persona que tenían al lado o al leer las noticias locales el día después.
El rey Momo, fue el tercero en este kilométrico desfile logrando ser opacado
por cualquier otra comparsa o carro alegórico que le sucediera.
21 comparsas
desfilaron por el malecón más largo de Latinoamérica, después de meses ensayando, a la altura del
hotel Miramar, los bailarines iban agotados, los animaba más el público que
aplaudía para ver algo emocionante y divertido, que ellos mismos.
Las reinas y princesas, sonreían con esa mueca ya congelada,
marcada en el maquillaje, las manos se movían de forma mecánica de un lado a
otro. Se giraban las cabezas de
izquierda a derecha, para contemplar a las dos columnas de gentes que esperaban
verlas desde hace horas para ya no saber
de ellas hasta el próximo carnaval, entregando el título de reinas y princesas
a las nuevas elegidas.
Un carro alegórico con
modelos masculinos semidesnudos pasó moderadamente rápido, provocando la
queja de las señoras ahí presentes, quienes expresaban que habían ido a ver
cuero, para que al final no las dejaran ver a gusto.
Así se fue desdibujando a lo lejos el desfile, sin ninguna
novedad, terminó…con los clásicos y ya tradicionales caballos bailarines… La
gente se fue esparciendo y esfumando, dejando tras de sí un desfile de basura.







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