La Malafama de la trova en Mazatlán

Tiene 29 años, acaba de recibir su título como ingeniero en informática en la UPSIN, y también es músico.

La inmaculada concepción de Semana Santa

Se trata de la Gran Semana para los católicos que sí van a la iglesia. Las iglesias de Mazatlán, del Estado y de todo México, por su lado, organizan una serie de eventos para los fieles.

Por boca de la sombra de Luis Jorge Boone

Por boca de la sombra es un poemario cuya creación duró aproximadamente siete años para llegar a su conclusión, según cuenta su autor, Luis Jorge Boone.

Teatro Digno en la Ciudad

La comunidad teatral es muy escasa en Mazatlán. Los muy poco no siempre tienen espacio para trabajar y los que tienen no siempre trabajan.

La Muerte NO es un Spoiler

La película debe tratarse como un fragmento, por lo que el final de la misma es todavía un fragmento más pequeño.

sábado, 16 de mayo de 2015

Siria: Contemporánea de la Danza en Cuerpo y Mente

Unos pies y un cuerpo, que conocen parte de la técnica del ballet,  bajan del Centro Municipal de las Artes (CMA) por la Sixto Osuna; cruzan, casi bailando, la Belisario Domínguez y atraviesan el umbral del Allegro Caffe and Bistro. Del cuerpo brota una cabeza con cabellos cortos color castaño, de una semana de haberlos retocado. Brotan, también, brazos y piernas vestidos con un pantalón grisáceo y holgado, una blusa de resaque floreada y un timbre de voz que saludó y después pidió un cappuccino.

En el café no había música audible, sólo el ruido de trastes y el vacío de un vaso llenándose con café. Siria Yvette Aguirre Meráz, recién salía de su ardua clase de seis-siete horas diarias en la Escuela Profesional de Danza (EPDM), en un par de horas estaría camino a su trabajo como maestra de danza en una escuela para infantes.
“El nombre, es un misterio”, repite. Su abuela nombró así a su madre por una amiga, y su madre finalmente decidió heredárselo a la primera de tres hijas.  Siria nace en 1992 en Tijuana, la ciudad más poblada de Baja California. Toda su familia es sinaloense, salvo ella y sus dos hermanas. Recuerda venir a Mazatlán para algunas navidades, pero llega al puerto con 16 años de edad, termina la preparatoria en José Vasconcelos para después ingresar a la carrera de Diseño Gráfico en el Itesus. Ahí permanece por dos años hasta  darse cuenta que ese no era el rumbo que le quería dar a su vida y que la danza requería la mayor parte de su tiempo, su atención y energía.
Recuerda que su primera experiencia con la danza fue el ballet, a los 6 años de edad; poco después decidió que la técnica no era de su agrado por lo que dejó de asistir a las clases. Una maestra le aconsejó sobre clases de jazz, cuando ya tenía 8, así que retomó la disciplina, sin embargo aquello fue solo un pasatiempo de chiquillos, no fue hasta su llegada a Mazatlán que les preguntó inmediatamente a sus papás, “Y aquí, ¿en dónde puedo bailar?”.
Quiero vivir de la danza y comunicar con la danza, pero a veces siento miedo.
Siria iba dándole pequeños sorbos a su cappuccino, quitaba la espuma blanquecina que sobrepasaba el borde, mientras subía los pies de bailarina a la silla, apoyándose con sus brazos de bailarina en la mesa.
A su llegada a Mazatlán, a los 16 años, inmediatamente buscó un lugar en el cual pudiese bailar, pero ya estaba demasiado grandecita para ingresar a ballet en el CMA, y en Danza Contemporánea, recuerda, le dijeron que era muy pequeña y que seguramente no sabía la finalidad de la misma.
Trabajando en la purificadora de agua que puso su padre, meses después de instalarse, un cliente le habló de su hijo, bailarín también, y le propuso ir a su estudio. “Así fue como me fui desenvolviendo más, porque Mazatlán es muy chiquito, entonces, todos los bailarines saben de todos los bailarines, es una comunidad. Así conocí a Agustín, la persona con la  que me entrené para audicionar en la EPDM. Después de montar mi solo frente al jurado esperé a que me dieran alguna respuesta, días después llegó el correo diciéndome que no había sido aceptada, y el por qué; mis debilidades, fortalezas y que entrenara más duro para intentarlo de nuevo, pues aún no era mi momento”
            “Ss-sí”, duda un poco.
            “Sí”, repite con voz firme.
“Sí, sí pienso vivir de la danza.”, dijo apresurada. Siria, temiendo arrepentirse sobre la respuesta. Es algo muy loco, se dice y me dice, porque primero empiezo cuestionándome qué es la danza, por qué lo hago, por qué quiero bailar; ¿Solamente porque se vea bonito? No, ese no es mi objetivo. Con la danza quiero comunicar, decir algo, es como cualquier otro arte, como cuando escribes, pintas, haces una película. “La danza es un lenguaje corporal”, termina de decir.
“Si voy a desenvolverme en la danza, quiero abarcar lo más que se pueda; en cuanto a conocimientos, saber en dónde estoy metida. Quiero hacerlo bien, me da miedo la ignorancia, no saber”, dice Siria, quien acaba de coger con las dos manos un popote de líneas rojas y blancas haciéndole una dobladura en medio.
El Sacrificio, no de Tarkovsky, o también, el de Siria y el de todos los artistas, de todos los humanos que rompen sus burbujas por hacer lo que les gusta; no como gusta un vestido, no como gusta un color, lo que apasiona, pues, “¿Qué sacrifico?”, se pregunta, mientras desvía la mirada y se pone el dedo índice en la barbilla.
“¿Qué sacrifico?”, se repite. “Por un lado mi familia, regularmente yo ya estoy en otro rollo, la fortuna es que sigo viviendo con ellos, pero si me alejo, nos alejamos porque también mis papás trabajan y a veces no tienen tiempo de ir a mis clases abiertas ; El atletismo, por otro lado, es algo que me gusta mucho practicar, pero que ya no he tenido tiempo de seguir haciendo, además de que era mucha carga física la que le metía a mi cuerpo, es decir, siete horas de practica (danza), más correr a diario, tenía que estar pendiente de las lesiones que me pudiera ocasionar.”
De la intimidad en el foro experimental a la distancia en el Teatro.
El cappuccino ya bajó, como baja la marea sin la presencia de la luna; el popote de líneas rojas y blancas que se mantiene entre las manos de bailarina ha sido doblado una vez más, ha sido mordido y ha sido colocado en la mesa; Los pies bajan y suben, los brazos se abren a la información y a las preguntas que vengan. La espalda se encorva y se endereza; las sonrisas van y vienen.
“No estoy segura de sí me gusta más uno u otro, el foro experimental se hace en un espacio más reducido, por lo tanto la sensación es otra; hay más intimidad y el acercamiento con el público me agrada; mientras que en el teatro, al ser más espacioso, la conexión con el público es diferente”.
El panorama artístico en Mazatlán desde Siria.
En la pasada edición de PuertOculto, su servidora y Gisel Camarena escribimos, cada quien por su cuenta, sobre el teatro y los espacios existentes para expresión artística en Mazatlán, por lo que se rescató que, citando a Gisel, estos se pueden contar con la palma de la mano y que incluso sobrarían dedos. Desde el punto de vista de Siria, el panorama artístico, sobre todo en la disciplina de danza, es también muy pobre, existen muchos grupos independientes que bailan, pero no hay unidad, hay envidia, hay ego, mucho ego y competencia.
“Los estudios de jazz, porristas, por ejemplo, se encierran mucho en su burbuja. O a veces que entre los mismos bailarines llaman aburrido  a una u otra técnica, cuando deberíamos de decir, sabes qué, me gusta lo que haces, enséñame a hacerlo y dime cómo lo puedo utilizar en mi técnica. O por ejemplo, el tango; habrá alguien que sepa pero no hay una academia que enseñe la técnica, o de salsa… eso si hay muchazumba y pole dance.”, dice entre risas.
La danza, el cuerpo y la vida cotidiana.
“Al bailar se genera adrenalina, se generan estados corporales. Me gusta mucho trabajar el cuerpo; flexibilidad, equilibrio; descubrir hasta donde puedo llegar. Incluso observar como un estado de ánimo puede hacer ligera, pesada o diferente la rutina”, comenta Siria mientras mueve las manos para dibujar lo que dice.
“A mí me cuesta mucho ejecutar un movimiento, darle sentido, creo que es lo que me ha tomado más tiempo en mis dos años de carrera. Es fácil aprenderse la rutina, pero no es lo mismo tomar conciencia de ella. Me gusta mucho leer, comprendo lo que leo, le pongo atención, pero ejecutar un movimiento requiere más de mi atención aún, porque es una atención distinta.”
Cuando trabajas con el cuerpo, cuando lo practicas; con el yoga, la danza, el teatro, el atletismo y demás disciplinas, aprendes a tomar control sobre él, hay conciencia de lo que se hace. Para esto, dice Siria que dicen que los bailarines tienen esa conciencia espacial en la que se puede estar caminando rápido entre una multitud y no chocar; tener esos reflejos y poder esquivar y reaccionar.
De un sorbo se termina el cappuccino, mi café de la casa hace varios minutos que dejó la mancha al fondo de la taza. El popote de líneas blancas y rojas consiguió una dobladura más; cuatro en total. El  mesero recogió los platos y tazas, y nos fuimos. Atravesamos la Belisario Domínguez, caminamos por la Sixto Osuna, y nos esfumamos, cada una por su cuenta, sin bailar.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Recuerdos fugaces de un bolero.


Recuerdos fugaces de un bolero.
Fernanda González Anaya.
Nueve décadas han pasado,  casi las diez. Un septiembre de los 20’s se formó, bajo el techo de una ranchería cerca de Jalisco,  una burbuja; como las miles que se formaron aquel día, aquella década.
Bajo un cielo pincelado de todos los azules, sin apariciones de nubes y el sol más cálido de Mazatlán, Don Eusebio Robles hojea el periódico Primera Hora sentado en una banca color ‘verde jardín’ a un costado de su silla para bolear.
Las aves que trinaban sobre los arboles de la Plazuela Republica recordaban a la vieja vida de Don Eusebio, cuando vivía en tierras jaliscienses, al margen de la ciudad, en el campo. La vida que se añora, la cosa bonita; beber agua de la buena, y si se tienen vacas, beber ‘lechi’. Montar a caballo y arar la tierra; la vida que dejó atrás cuando se reventó la burbuja.
“Uno de pobre trabaja en lo que se ponga enfrente”
Don Eusebio sale de su casa a las diez y cuarto de la mañana, toma un Insurgentes que lo pasea de la Colonia Juárez hasta el Centro de la Ciudad, el resto se lo deja a sus pies y a su longeva memoria.
- ¿A qué edad empezó de bolero?
-Después de trabajar la tierra muchos años, trabajé de panadero, no siempre fui bolero. Empecé a ‘dar bola’ cuando tenía unos treinta años, cuando el bolero era imprescindible, por allá por los 50’s. Muchos muchachillos se pagaban los estudios de boleros. A mí me buscaban los muchachillos para que los ayudara y ahora son doctores y maestros, a veces vienen a saludarme.
Un sábado ajetreado, con ruidos urbanos propios del centro de la ciudad, interfieren en la plática y desfavorecen aún más la mala audición de Don Eusebio, quien descansa un poco de la banca (y de mí)  y se levanta con el periódico en mano, para dejarlo sobre el otro extremo de la banca.
Su hijo Joel, que también es bolero,  tiene un cliente sentado desde hace unos minutos. Hace maniobras con el cepillo que limpia el calzado, mientras habla sobre las sillas para bolear que tiene su padre desde hace ya unos ayeres y su color rojo con el logo del Noroeste.
“Las sillas no nos las dio Noroeste, ellos sólo las pintan. Nosotros les hacemos publicidad. Ellos nos regalan el periódico y nosotros se lo ofrecemos al cliente.” Don Eusebio sigue estirando las piernas y vuelve al lugar donde lo encontré
Don Eusebio recuerda lo mucho que valía la moneda mexicana, las porciones de frutas y verduras que compraba con menos de un peso. El buen profesorado de la vieja escuela mexicana. Recordó, también, que estuvo en una banda, y aprendió a leer una que otra nota, de un instrumento que ya su memoria no recordaba, pero que por la descripción se asemeja al clarinete.

Los recuerdos llegaban y se iban como estrellas fugaces. De su esposa no se le vino ninguno, si esbozó una que otra palabra pero nada audible. Don Eusebio se volvió a poner de pie, dio unos pasos mientras me veía y decía: “Soy vagabundo y me gusta ser vago y en los placeres me gusta vivir…y a mis amigos les doy un consejo, que sigan mis pasos y serán felices.”

Un Carnaval con Poco Desfile.

Un carnaval con poco desfile.
Fernanda González
¡Vamos!, ¡vamos! – seguramente dijo alguien, cuando durante una conversación  le invitaron al Carnaval Internacional de Mazatlán 2015,  nombrado Los sueños de Momo. Nombre que  llevó a más de uno a preguntarse: ¿quién es ese tal Momo?
Pues al indagar profundamente en la web (Wikipedia), resulta que El rey Momo es la personificación del sarcasmo y la ironía, un Dios griego muy importante en  los carnavales de América Latina, especialmente en Brasil y Colombia y que para los mazatlecos está más bien representado por ‘El Rey Feo’.

La odisea de encontrar un buen lugar: dos horas antes.

Nadar en la misma dirección de toda aquella gente que se bajaba presurosa de los camiones  o estacionaba su auto a más de un par de calles del núcleo carnavalesco para a la hora de la hora, salir sin ‘tanta’ dificultad y evitar la inevitable congestión vial. Subir con el viento a favor por la Rio Piaxtla y encontrarme con la atiborrada de cuerpos pero no imposible de traspasar, Avenida del Mar. 
Con la disyuntiva y la aparente  desorientación que nos obligó a  más de uno a  detenernos y elegir entre ir hacía el Monumento al Pescador o hacia Valentino’s en la zona dorada,  teniendo en cuenta que el desfile llegaría más pronto y más tarde  al lugar que termináramos de escoger. Nos abrimos paso por la muchedumbre  que iba en todas direcciones. Una mezcla de olores  proveniente de los puestos gastronómicos clásico-carnavalescos de Mazatlán nos invitaban a despilfarrar dinero y más de uno caía y era llevado flotando por aquel humillo que se metía en las narices de las caricaturas clásicas que todos veíamos; Tostilocos, Salchitacos, Hotdogs, Tacos de carne asada… encabezaban el menú principal de aquella comida-cena del mazatleco promedio.
Eran apenas las 17:50 horas, la gente ya estaba más puesta que el sol, comiendo y bebiendo. Caminaba hacía el Valentino’s mirando como quien  busca algo, en este caso una abertura que permitiera cruzar hacia el malecón sin sufrir lesiones físicas o verbales de la gente que se encontraba sentada  con mesas y casas para acampar, desde quien sabe qué horas.
-¿Nos quedamos aquí, o no? – dijo una voz, mientras que un desfile de carros con edecanes encima; moviendo banderillas de un lado a otro y dejando tras de sí un camino de serpentinas; Noroeste, Tec Milenio, Telcel, 107.5 y la Cervecería Pacifico,  una lluvia de marcas patrocinadoras que ‘abren’ el desfile y se acercan hacia las voces provocando un efecto doppler que interrumpe la pregunta.
-¿Qué?- dice la otra voz que no alcanzó a escuchar-
-¿Que si nos quedamos aquí o seguimos avanzando? – repitió con su mano en la boca como si la intensidad del sonido fuera a variar-
-No, no se alcanza a ver, hay que seguir buscando por dónde meternos- terminó de responder.
Ya daban las 18:20, el sol ya se había metido y la iluminación de las palmeras colocadas a finales del 2014  y principios del 2015 por toda la orilla del malecón, hizo visible  la noche.
Los centros de rehidratación Pacífico, la cerveza oficial del Carnaval Mazatlán 2015 eran frecuentados, cada segundo, por los esposos, los amigos, los primos y también por las primas, en busca de un poco de ambiente y diversión al tener en su sangre un porcentaje desconocido de la formula etílica. Hubo quienes, por la tardanza del desfile de carros alegóricos, se encontraban ya muy puestos y tropezaban y pisaban los pies de quien aún seguía buscando un lugar para estar.
De vez en vez, un puño desparramado de fauna mazatleca se asomaba disfrazada, desfilando y haciendo de su cuerpo un carnaval propio con máscaras, y antifaces, sombreros y pelucas, bigotes, barbas y pestañas postizas… y un sinfín de objetos en los cuales invertir. Ya de plano el que no vendía, tenía ‘mala suerte’…
-Hay que meternos por ahí- dijo alguien, señalando con el dedo índice una apertura cerca de las (una de las) gradas que el gobierno de Mazatlán colocó a la altura de uno de los abarrotados hoteles que los mazatlecos y otros turistas rentan para ver el desfile desde las alturas.
-No pueden pasar por aquí- decían y repetían un gremio de señoras estirando las manos cual fortaleza, para no dejar pasar a nadie.
-Ándele, ocupamos pasar, por favor, ya nos están dejando atrás- decían unas personas que venían acompañadas y que uno de sus amigos ya había logrado colarse a diestra y siniestra. Después de que lograron pasar
-Usted también, para qué los deja pasar- se decían entre sí (las señoras), como si aquello estuviera restringido.
Un desfile de gente anduvo de aquí y allá por la calle que esperaban recorrer los carros alegóricos. Ya eran las 18:40, no había señas del tan esperado desfile, la gente seguía consumiendo churritos con salsa, manzanas acarameladas. Los niños jugaban en el malecón y juntaban del piso el confeti que habían lanzado al aire una hora antes. Los hombres que consumían líquidos sin moderación, visitaban con frecuencia las orillas del mar simulando buscar el horizonte detrás de la espesa cortina de niebla y obscuridad.
Eran ya las 19:15 horas, las amplias columnas de gente estiraban el cuello y se paraban de ‘puntitas’ para ver por dónde venían los carros. Los vendedores y  el  puñado de gente seguían caminando por ‘en medio’  como si nada más fuera a ocurrir.
A lo lejos se avistó la bengala o el cuete que indicaba la cercanía del desfile, a la altura de la Domino’s pizza, la gente se detuvo sobre sus dos piernas para ver que ocurría. No ocurría nada. Una hora más llegue y el resto es historia… El desfile llegó a las 20:20 horas.

Carrera alegórica.

Con las se acercaba y a la cabeza  se dejaban ver las tradicionales porristas y la banda de la Escuela Secundaria Técnica 5, seguido por el carro de la cervecería Pacifico liderado por la animadora Vanessa Huppenkothen, que seguramente pasó desapercibida por muchos y que no se habrían enterado de que era ella de no ser por la persona que tenían al lado o al leer las noticias locales el día después. El rey Momo, fue el tercero en este kilométrico desfile logrando ser opacado por cualquier otra comparsa o carro alegórico que le sucediera.
21 comparsas  desfilaron por el malecón más largo de Latinoamérica,  después de meses ensayando, a la altura del hotel Miramar, los bailarines iban agotados, los animaba más el público que aplaudía para ver algo emocionante y divertido, que ellos mismos.
Las reinas y princesas, sonreían con esa mueca ya congelada, marcada en el maquillaje, las manos se movían de forma mecánica de un lado a otro.  Se giraban las cabezas de izquierda a derecha, para contemplar a las dos columnas de gentes que esperaban verlas desde hace horas  para ya no saber de ellas hasta el próximo carnaval, entregando el título de reinas y princesas a las nuevas elegidas.
Un carro alegórico con  modelos masculinos semidesnudos pasó moderadamente rápido, provocando la queja de las señoras ahí presentes, quienes expresaban que habían ido a ver cuero, para que al final no las dejaran ver a gusto.

Así se fue desdibujando a lo lejos el desfile, sin ninguna novedad, terminó…con los clásicos y ya tradicionales caballos bailarines… La gente se fue esparciendo y esfumando, dejando tras de sí un desfile de basura.

sábado, 9 de mayo de 2015

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